El ansia de escribir corre más que mis musas.
Nunca fui buena en esto.
Tengo una visión y la plasmo, sobre las teclas de este maltrecho ordenador.
O en un arrugado papel, con letra ilegible pasados cinco minutos.
Son lentas. Creo que son los genes.
Yo les animo a que corran más pero están cansadas.
Es normal, todo el día trabajando y yo obligándolas a meter horas extra.
Gratis por supuesto.
martes, 1 de diciembre de 2009
lunes, 9 de noviembre de 2009
Negro sobre blanco
La oscuridad puede ser un gran refugio
en los días nublados y grises.
No tengo que cerrar los ojos para imaginarte.
Basta con mirar aquella pared,
y tu silueta se dibuja nítida.
Blanco sobre negro.
O negro sobre blanco.
en los días nublados y grises.
No tengo que cerrar los ojos para imaginarte.
Basta con mirar aquella pared,
y tu silueta se dibuja nítida.
Blanco sobre negro.
O negro sobre blanco.
jueves, 29 de octubre de 2009
martes, 1 de septiembre de 2009
martes, 28 de julio de 2009
Recuerdos de la ciudad empedrada

Una a una contaba las piedras del camino. De formas diferentes y ensambladas a la perfección para dar forma, en su totalidad, a la ciudad empedrada.
Las luces la iluminaban dándole un halo de magia y romanticismo que la obligaban a no poder sentirse de otra manera. Estaba enamorada y eso era un hecho.
“Nadie te besará como lo hago yo”. Su tono denotaba seguridad, y una pizca de arrogancia. Ella rió, incrédula.
A pesar del tiempo pasado y la distancia, las recordaba, como palabras pronunciadas la noche anterior.
Y aún busca, desesperada, otros labios que la besen como lo hicieron los suyos.
A Roma y a lo que allí se quedó.
viernes, 19 de junio de 2009
¡No en mi nombre!
Esta mañana otra vez el lastre que nos impide crecer en este país al que amo profundamente, ha vuelto a horrorizarnos. Ha asesinado, no a un policía, sino a un vecino de toda la vida de Arrigorriaga, a un padre, un marido, un hermano, un amigo.
Esta mañana no he querido quedarme callada. Creo que los vascos, todos, de izquierda y de derecha, los abertzales y los constitucionalistas, debemos empezar a dar la cara, debemos decirle a ETA que éste no es el camino. Que su mal llamada democracia no es más que hipocresía. Que están perdiendo los valores; manchando de sangre un país hermoso; llenando de lágrimas los ojos de la mayoría de nosotros que empezamos a atrevernos a ir con la cabeza bien alta y sin miedo. Soy vasca, y estoy muy orgullosa de ello. Soy vasca, hija y nieta de inmigrantes extremeños y manchegos que vinieron en busca de un futuro mejor. Soy vasca y hoy me he sentido más vasca que nunca, más vasca que ellos que dicen luchar por su pueblo.
Esta mañana me he acordado de una canción que expresaba lo que sentía. No habla exactamente de la problemática que vivimos aquí pero sí se puede extrapolar. Hay un par de frases que dicen lo siguiente:
"No hay una piedra en el mundo que valga lo que una vida... a nadie le di permiso para matar en mi nombre!"
Las hago mías y lloro.
Esta mañana no he querido quedarme callada. Creo que los vascos, todos, de izquierda y de derecha, los abertzales y los constitucionalistas, debemos empezar a dar la cara, debemos decirle a ETA que éste no es el camino. Que su mal llamada democracia no es más que hipocresía. Que están perdiendo los valores; manchando de sangre un país hermoso; llenando de lágrimas los ojos de la mayoría de nosotros que empezamos a atrevernos a ir con la cabeza bien alta y sin miedo. Soy vasca, y estoy muy orgullosa de ello. Soy vasca, hija y nieta de inmigrantes extremeños y manchegos que vinieron en busca de un futuro mejor. Soy vasca y hoy me he sentido más vasca que nunca, más vasca que ellos que dicen luchar por su pueblo.
Esta mañana me he acordado de una canción que expresaba lo que sentía. No habla exactamente de la problemática que vivimos aquí pero sí se puede extrapolar. Hay un par de frases que dicen lo siguiente:
"No hay una piedra en el mundo que valga lo que una vida... a nadie le di permiso para matar en mi nombre!"
Las hago mías y lloro.
jueves, 18 de junio de 2009
Una año. 365 días.
Exíliate en la oscuridad de aquel rincón porque todavía me dueles. Una eternidad pensando en ti se hace eterna. Demasiadas palabras te traen de vuelta. Canciones que se acaban rayando, en silencio. Tu voz es placer doloroso o dolor placentero; tortura al fin y al cabo. Te poseo, sólo en mi locura. Otros brazos te mecen esta noche. Ahogaré tus besos en ácido. Deseo diluirte y hacerte desaparecer. No para siempre. Sí para nunca.
jueves, 30 de abril de 2009
Un instante
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| Portura Silenciosa, Roberto L'Hotellerie |
Sentí que me faltaba el aire
cuando tus manos se posaron sobre mis pechos.
Estaban frías.
El calor de tu cuerpo contrastaba con ellas,
así como el color de tu piel con la mía.
Te posaste sobre mí, sin prisas.
Tus formas dibujaban las mías, con trazos finos y acertados.
El tic tac del reloj dejó de sonar. Minutos.
Tu sangre brotó en mi interior.
Un suspiro y...
un silencioso adiós.
martes, 14 de abril de 2009
Se ha escrito un final
lunes, 9 de marzo de 2009
Apología de una ciudad III. El Callejón.
Toda la casa olía a café. ¡Qué rico! Se dejó guiar por su olfato y llegó a la cocina. ¡Buenos días mami! Un reconfortante beso en la mejilla y una tacita de café solo con mucho azúcar, fueron suficientes para empezar a sentirse mejor. Cogió un trozo de pan de aire, cuyo interior era prácticamente hueco. De ahí su nombre. Se lo llevó a la boca y masticó despacio, con dificultad, regocijándose en la extraña nostalgia que sentía ahora de su vida en Europa.
¿Qué se podía hacer un domingo por la mañana en La Habana? Decidió hacerse la turista. Hacía tanto que no pisaba su tierra que no sabía ni por donde empezar. Así que se puso un vestido, un pañuelo en la cabeza y las gafas de sol. Se adentró en el barrio de Cayo Hueso y tomó rumbo a su destino: 12 del mediodía, Callejón de Hamel.
La espiritualidad se podía oler cuatro cuadras antes de llegar al lugar. A pesar de haberse convertido en reclamo turístico, la presencia de los ancestros africanos se colaba por todos los rincones de la callejuela, en la que los colores de los murales de Salvador González desbordaban las paredes queriendo comerse la ciudad. Los jembés habían empezado a sonar, reclamando la presencia de los orishas. En una esquina, un hombre dormía junto a su bicicleta ajeno al sonido atronador de los tambores.
Ajena al tumulto que se formó alrededor del conjunto folclórico, comenzó a bailar al ritmo de la frenética música. Y entonces se vio expulsada fuera de su cuerpo. En lo alto observó que seguía moviéndose torpemente, como si hubiese sido poseída por un ente que no controlaba su nuevo recipiente. Sus ojos se tornaron blancos y su boca se movía entonando una oración.
De pronto la música cesó. Durante unos segundos, se sintió desorientada hasta que se percató de que había vuelto a ocupar su frágil cuerpo. Sintió un amargo sabor a alcohol en su boca y un fuerte olor a puro en sus dedos. No se reconocía. La experiencia había sobrepasado toda su capacidad de sorpresa. Nunca había sido creyente, y le costaba creer que los orishas se acercaran tanto a aquél espectáculo turístico que se celebraba todos los domigos a las 12 del mediodía en el mágico Callejón de Hamel.
(Fotos tomadas en el Callejón de Hamel, La Habana, en abril de 2005 por Nerea Altube y Oihana Barato)
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