martes, 18 de mayo de 2010
miércoles, 14 de abril de 2010
Te pienso y te quiero
Te pienso y te quiero
y te acaricio en sueños
y me estremezco.
Me doy la vuelta y no te encuentro
ni tu cara, ni tus manos,
ni tus besos.
Te siento y mi cuerpo te llama
en mitad de la noche
hambriento.
Sigo sin encontrarte
ni mis manos, ni mi boca
ni mi sexo.
Te amo y te asesino
más bien a tu recuerdo
que viene a mí
noche tras noche
a atormentarme.
Sigo sin poder hacerlo
y estás en mí
y estoy en ti.
y te acaricio en sueños
y me estremezco.
Me doy la vuelta y no te encuentro
ni tu cara, ni tus manos,
ni tus besos.
Te siento y mi cuerpo te llama
en mitad de la noche
hambriento.
Sigo sin encontrarte
ni mis manos, ni mi boca
ni mi sexo.
Te amo y te asesino
más bien a tu recuerdo
que viene a mí
noche tras noche
a atormentarme.
Sigo sin poder hacerlo
y estás en mí
y estoy en ti.
domingo, 11 de abril de 2010
Recuerdos húmedos
¿Cómo puede ser que después de tanto tiempo
estés tan fresco en mi memoria?
Hoy me humedecí pensando en tus besos.
estés tan fresco en mi memoria?
Hoy me humedecí pensando en tus besos.
lunes, 5 de abril de 2010
Lo que me da vida...
sábado, 3 de abril de 2010
De Norte a Sur
Sabía que estaría perdida cuando le vi mirar, entre la gente, hacia el lugar donde yo estaba. ¿Cómo una mirada puede decir tanto? Mi instinto me obligó a caminar hasta allí, y esperar a que dijeras algo. ¡Descarado! No tardó en llegar tu saludo. Tímido, arrogante.
Tus ojos me comían, de norte a sur. Los míos miraban al suelo, sin saber muy bien a qué punto aferrarse.
Tus palabras me drogaron. Veía mover tus labios sin saber muy bien ya qué decían. Todo mi cuerpo se hallaba ingrávito; flotando entre nubes que me empujaban hacia ti.
Un impulso más y me sorprendí comiéndote la boca. Saboreándote. Permitiendo que entraras en mí. Eternamente.
Tus ojos me comían, de norte a sur. Los míos miraban al suelo, sin saber muy bien a qué punto aferrarse.
Tus palabras me drogaron. Veía mover tus labios sin saber muy bien ya qué decían. Todo mi cuerpo se hallaba ingrávito; flotando entre nubes que me empujaban hacia ti.
Un impulso más y me sorprendí comiéndote la boca. Saboreándote. Permitiendo que entraras en mí. Eternamente.
martes, 23 de febrero de 2010
Perderse otra vez
¿Qué será de mí cuando vuelva a sentir en mi cuerpo tus delgados dedos de brujo?
¿Qué ocurrirá cuando tu boca se trague el poco aire que me queda al sentirte tan cerca?
Pasará lo de siempre.
Me perderé.
¿Qué ocurrirá cuando tu boca se trague el poco aire que me queda al sentirte tan cerca?
Pasará lo de siempre.
Me perderé.
martes, 2 de febrero de 2010
Colección de recuerdos
A menudo los recuerdos llegan para quedarse. Los apilas en las esquinas de las habitaciones. En los huecos entre la ropa de invierno. Otras veces acabas comprando algunas de esas cajas de plástico tan funcionales con el fin de seguir almacenándolos debajo de la cama, o encima del armario o incluso en el trastero o en el garaje, junto a botellas de vino destinadas a ocasiones especiales, que a veces ni siquiera llegan.
De repente, a finales de verano, con el cambio de una estación a otra, te pones a hacer limpieza. Y te das cuenta de que aquel jersey ya no te queda tan bien. Igual que su recuerdo, del que tanto te cuesta desprenderte, por si se pudiera reciclar, o por si él se arrepintiera de haberse deshecho de ti y volviera. Si eso ocurriera tendrías que volver a sacar todos esos momentos de los armarios, de las cajas, de las esquinas, y los huecos. ¿Qué pasaría entonces si ya no los tuvieras? No, no puedes permitírtelo.
Y a veces, más bien, casi siempre, lo mejor es coger una gran bolsa, abrirla mucho, e ir tirando todos y cada uno de esos recuerdos que ya no sirven, que hacen daño, que no te permiten mirar hacia delante, para después cerrar la bolsa, con mucho cuidado para que a ninguno de ellos se les ocurra escapar para volver al agradable calor del armario, y lo tiras a la basura. Sin miramientos, ni compasión.
De repente, a finales de verano, con el cambio de una estación a otra, te pones a hacer limpieza. Y te das cuenta de que aquel jersey ya no te queda tan bien. Igual que su recuerdo, del que tanto te cuesta desprenderte, por si se pudiera reciclar, o por si él se arrepintiera de haberse deshecho de ti y volviera. Si eso ocurriera tendrías que volver a sacar todos esos momentos de los armarios, de las cajas, de las esquinas, y los huecos. ¿Qué pasaría entonces si ya no los tuvieras? No, no puedes permitírtelo.
Y a veces, más bien, casi siempre, lo mejor es coger una gran bolsa, abrirla mucho, e ir tirando todos y cada uno de esos recuerdos que ya no sirven, que hacen daño, que no te permiten mirar hacia delante, para después cerrar la bolsa, con mucho cuidado para que a ninguno de ellos se les ocurra escapar para volver al agradable calor del armario, y lo tiras a la basura. Sin miramientos, ni compasión.
jueves, 7 de enero de 2010
Propósitos para 2010
1. Cuidar a mis amig@s y a mi familia, más de lo que lo he hecho en los últimos tres años.
2. Dejar marchar a los que no me quieren a su lado porque es su decisión, y es respetable.
3. No sufrir de forma gratuita.
2. Dejar marchar a los que no me quieren a su lado porque es su decisión, y es respetable.
3. No sufrir de forma gratuita.
domingo, 3 de enero de 2010
Des-balance del 2009
Querría haberme sentado a hacer un balance en serio de lo que ha sido 2009.... pero no lo voy a hacer. ¿De qué serviría? No me gustaría volver a reescribirme, a reescribirte y rodar sobre la misma mierda una y otra vez.
No, no voy a hacerlo. Porque las cosas que fueron ya no serán. Las oportunidades llegan a cuenta-gotas y a veces no las aprovechamos. O tenemos miedo. O somos muy impulsivos. O simplemente no nos ponemos de acuerdo.
Y luego nos lamentamos. O no.
A pesar de ser un tópico, la entrada en el 2010 va a ser un borrón y cuenta nueva. Mi vida empieza a equilibrarse y quiero aprovechar al máximo esta estabilidad emocional, por muy aburrida que a veces resulte. No quiero volver a sentirme cómoda en los desvaríos, en las idas y venidas de este corazón desvocado. Porque esa sensación dura poco. Lo que la eternidad de un instante.
No quiero estar poseída de nuevo por esa congoja de no tener una moneda en el bolsillo. De que el dinero se va nada más entrar. De no llegar. No, no voy a hacer balance del 2009 porque sería hacerlo de los cuatro últimos años. Me tendría que volver a arrepentir de muchas cosas. Y no quiero perder el tiempo en ello. Prefiero dedicarlo a enmendar mis errores.
Y no quiero hacer resumen porque lo que está por venir es sin duda mejor de lo que ya pasó. Porque lo que queda atrás duele, y el futuro está pintado de azul. Azul esperanza. Azul alegría. Azul amor. Azul, azul.
Adiós 2009, 2008, 2007, 2006... ¡Bienvenido 2010!
No, no voy a hacerlo. Porque las cosas que fueron ya no serán. Las oportunidades llegan a cuenta-gotas y a veces no las aprovechamos. O tenemos miedo. O somos muy impulsivos. O simplemente no nos ponemos de acuerdo.
Y luego nos lamentamos. O no.
A pesar de ser un tópico, la entrada en el 2010 va a ser un borrón y cuenta nueva. Mi vida empieza a equilibrarse y quiero aprovechar al máximo esta estabilidad emocional, por muy aburrida que a veces resulte. No quiero volver a sentirme cómoda en los desvaríos, en las idas y venidas de este corazón desvocado. Porque esa sensación dura poco. Lo que la eternidad de un instante.
No quiero estar poseída de nuevo por esa congoja de no tener una moneda en el bolsillo. De que el dinero se va nada más entrar. De no llegar. No, no voy a hacer balance del 2009 porque sería hacerlo de los cuatro últimos años. Me tendría que volver a arrepentir de muchas cosas. Y no quiero perder el tiempo en ello. Prefiero dedicarlo a enmendar mis errores.
Y no quiero hacer resumen porque lo que está por venir es sin duda mejor de lo que ya pasó. Porque lo que queda atrás duele, y el futuro está pintado de azul. Azul esperanza. Azul alegría. Azul amor. Azul, azul.
Adiós 2009, 2008, 2007, 2006... ¡Bienvenido 2010!
jueves, 31 de diciembre de 2009
Gritos en silencio
Anocheció. Lucía se fue a su habitación, cerró la puerta y se metió en la cama. A pesar de los esfuerzos por mantenerse despierta, el cansancio la venció. No debió pasar ni una hora cuando el ruido de la manilla, abriéndose suavemente, la despertó. Una sombra grande, amenazante y tan negra como la noche, se coló sigilosamente en la estancia, provocando que su corazón latiera a gran velocidad. La puerta se cerró. Y su inocencia se quedó allí, presa, para siempre, una vez más.
No supo discernir entre lo que estaba bien y lo que estaba mal. No supo qué hacer. Ni siquiera tuvo el valor de decir que no. ¿De qué hubiera servido? Tan sólo tenía cuatro años y eso la convertía en un ser frágil e ignorante.
Casi tres décadas después, la culpabilidad se había convertido en su mejor amiga. La introversión se había instalado y no parecía tener muchas ganas de abandonarla. El odio le corría por las venas disfrazado de sonrisa forzada y mirada esquiva. Y en su memoria, gritos en silencio.
(Publiqué y volví a esconder esta entrada... sin embargo, quiero volver a sacarla. No deseo que se quede en el olvido)
No supo discernir entre lo que estaba bien y lo que estaba mal. No supo qué hacer. Ni siquiera tuvo el valor de decir que no. ¿De qué hubiera servido? Tan sólo tenía cuatro años y eso la convertía en un ser frágil e ignorante.
Casi tres décadas después, la culpabilidad se había convertido en su mejor amiga. La introversión se había instalado y no parecía tener muchas ganas de abandonarla. El odio le corría por las venas disfrazado de sonrisa forzada y mirada esquiva. Y en su memoria, gritos en silencio.
(Publiqué y volví a esconder esta entrada... sin embargo, quiero volver a sacarla. No deseo que se quede en el olvido)
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