lunes, 3 de noviembre de 2008

Deshecha


Los dos cubitos de hielo aún flotaban sobre el licor que la esperaba sobre la mesa. Su mirada, fija en el vaso, se perdía en el brillo que la tenue luz proyectaba en él. Desconocía el tiempo que llevaba en la misma posición. Habrían pasado tal vez 10 ó 20 minutos desde que la soledad ocupó la silla que se encontraba frente a ella, sustituyendo el calor que él había dejado al irse. Se palpó la mano. Aquel anillo ya no significaba nada. Se lo quitó, sin apartar la mirada del vaso, lo sumergió en el líquido, y se lo bebió de golpe. Un escalofrío recorrió toda su espalda, un sabor ardiente provocó un ligero mareo y no pudo evitar que un quejido se escapara de su boca. Ahora recordaba porqué había dejado de beber. Odiaba esa sensación. Y evidentemente no iba a ayudarle en el duro trabajo de pasar página. Ni siquiera quería creer que su vida no fuera a caminar junto a la suya, de la mano, como ella había soñado, hasta que sus espaldas se encorvaran y su piel dibujara surcos imposibles. Sin embargo, ésa era la realidad. Se había acabado. Y sólo el dolor acabaría con el dolor.

2 comentarios:

Kika... dijo...

sólo el dolor acabaría con el dolor...


uffff...

(ya te tengo de seguidora en mi blog)

muchos besos (ando muy justa de fuerzas, por eso no te escribo más, lo haré, lo prometo)
K

Anónimo dijo...

que bonito escribes
te encontré a traves de kika

pasaré más veces
besos y gracias